Adios…
Ing. Tonchi | August 6, 2009Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
- Adiós…
Tenía 13 años cuando la entendí, casi todos los días la escuchaba, mi madre dejándome en la escuela, mi padre saliendo a trabajar, mi hermano saliendo a la universidad, nunca le había puesto importancia.
Era verano, vacaciones, no mas escuela por un par de meses, viaje al bosque, cada año hacíamos lo mismo, aun me emocionaba en esos tiempos, recuerdo las cabañas perfectamente.
Tres días habían pasado, más familias iban llegando, algunas otras se iban también, recuerdo como llegaste, una gran camioneta roja, una Suburban que hacía más ruido del necesario, bajaron 6 personas, tu, tus hermanas, tu hermano y tus padres.
Hacía mucho frio, una alta fogata era el punto de reunión de todos, mi madre siempre me decía que fuera con los demás niños, nunca le hice caso, tú fuiste quien se acercó.
Jugo de manzana me ofreciste, yo te ofrecí pan, comimos en silencio, no entendía nada, me dijiste que tenías 13 años, yo también tenía esa edad, jugamos Monopoly, nos fuimos a dormir tarde, nos despedimos por primera vez.
Tocaste la puerta, eran las 10 de la mañana, – se encuentra Tim -, te escuché decir desde el segundo piso, mi madre te dijo que ahorita bajaba, me quité la pijama, me cambie y bajé corriendo.
- Hola – te salude, – ¿Cómo estás? me respondiste, mi madre volvió a cocinar, fuimos a la cocina a ver que hacía, me dijiste que te encantaban los hotcakes, te invitamos a desayunar.
Todos los días tocabas la puerta por la mañana, recuerdo tu chamarra roja y el beannie también rojo, fué lo primero que te regalé, a mi madre le agradabas.
Quince días pasamos así, platicamos todo el tiempo, concordamos en muchas cosas, ambos vivíamos en la misma ciudad, no conocía tu escuela, vivías no muy lejos.
Me dijiste que te irías mañana, nos juramos vernos después, intercambiamos teléfonos, nos regalamos cosas, te empecé a querer.
- Adiós… – dijiste con voz quebrada, – Hasta luego – te respondí, diste media vuelta, tu familia te esperaba en la Suburban, empezaste a caminar.
Diste media vuelta, corriste hacia donde estaba, te regresé el abrazo, no entendía nada aun, te besé también, volviste a correr.
- Adiós… – te dije mientras te alejabas.
Tenía 13 años cuando la entendí, casi todos los días la escuchaba, mi madre dejándome en la escuela, mi padre saliendo a trabajar, mi hermano saliendo a la universidad, nunca le había puesto importancia.
Era verano, vacaciones, no mas escuela por un par de meses, viaje al bosque, cada año hacíamos lo mismo, aun me emocionaba en esos tiempos, recuerdo las cabañas perfectamente.
Tres días habían pasado, más familias iban llegando, algunas otras se iban también, recuerdo como llegaste, una gran camioneta roja, una Suburban que hacía más ruido del necesario, bajaron 6 personas, tu, tus hermanas, tu hermano y tus padres.
Hacía mucho frio, una alta fogata era el punto de reunión de todos, mi madre siempre me decía que fuera con los demás niños, nunca le hice caso, tú fuiste quien se acercó.
Jugo de manzana me ofreciste, yo te ofrecí pan, comimos en silencio, no entendía nada, me dijiste que tenías 13 años, yo también tenía esa edad, jugamos Monopoly, nos fuimos a dormir tarde, nos despedimos por primera vez.
Tocaste la puerta, eran las 10 de la mañana, – se encuentra Tim -, te escuché decir desde el segundo piso, mi madre te dijo que ahorita bajaba, me quité la pijama, me cambie y bajé corriendo.
- Hola – te salude, – ¿Cómo estás? me respondiste, mi madre volvió a cocinar, fuimos a la cocina a ver que hacía, me dijiste que te encantaban los hotcakes, te invitamos a desayunar.
Todos los días tocabas la puerta por la mañana, recuerdo tu chamarra roja y el beannie también rojo, fué lo primero que te regalé, a mi madre le agradabas.
Quince días pasamos así, platicamos todo el tiempo, concordamos en muchas cosas, ambos vivíamos en la misma ciudad, no conocía tu escuela, vivías no muy lejos.
Me dijiste que te irías mañana, nos juramos vernos después, intercambiamos teléfonos, nos regalamos cosas, te empecé a querer.
- Adiós… – dijiste con voz quebrada, – Hasta luego – te respondí, diste media vuelta, tu familia te esperaba en la Suburban, empezaste a caminar.
Diste media vuelta, corriste hacia donde estaba, te regresé el abrazo, no entendía nada aun, te besé también, volviste a correr.
- Adiós… – te dije mientras te alejabas.
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Casi me haces llorar tonchi…snif…y con la musica…doble snif.
….
SNIF POR LA MUSICA…
Sarf por la suburban!!!
Se murió? O.o
Ranche is lost in translation.
Porque el niño nunca fue en la mañana a tocar a la puerta de ella?.
Como sea, hay algúna vibra muy fina en tu relato… Buena tonch.
Como se extraña esos días, donde bastaba tener la misma edad para tener todo en común con alguien.
Una obra maestra. Yo si llore.
Te recomiendo que escribas este tipo de cosas en la revista Extravia
http://www.extravia.net
jajajaja, che vato, hasta parece spam tu comentario
Me da gusto que te haya gustado x3
Sienes razón, no lo hubiera dicho.
wouuuu… y luego ke paso???
se termino? kontinua?
muy bueno tonchi ^^
MOAR!!!